Mayo 23, 2025
Es necesario preguntarnos cuáles han sido las reacciones por parte de movimientos sociales, estados, partidos políticos, movimientos armados, etc. frente al genocidio televisado que se cierne sobre Palestina desde octubre de 2023, que no es sino la intensificación del despojo, las aspiraciones de «limpieza étnica» y la violencia institucionalizada que continúan la Nakba de 1948, en perfecta coherencia con el proyecto sionista original.
Cuando los movimientos seculares o izquierdistas por la liberación de Palestina fueron diezmados, claudicaron o se confinaron a las mansas y peligrosas aguas de los Acuerdos de Paz para ser inmediatamente traicionados por Israel y sus garantes -y, por lo mismo, deslegitimados a los ojos de sus bases- fueron otro tipo de formaciones combativas las que recogieron su legado. Es el caso de Fatah después de los Acuerdos de Oslo de 1993, cuyo contenido apenas si beneficiaba la causa nacional palestina, además de ser sistemáticamente incumplidos por Israel. Es resultado de los Acuerdos la conformación de la Autoridad Palestina que «gobierna» desde entonces en Cisjordania y se ha convertido en un régimen colaboracionista que cumple las funciones policiales de Israel en lo que sería su propio territorio. Su legitimidad se ha visto profundamente erosionada por décadas de corrupción, incompetencia y persecución a las otras facciones palestinas1.
Fueron organizaciones de inspiración islámica y centradas en la liberación del yugo sionista las que se fortalecieron como alternativa. Es necesario insistir en la permanente colaboración desde la operación Diluvio de Al Aqsa entre las diferentes organizaciones por la liberación de Palestina. La coordinación entre el izquierdista FPLP, junto a la Jihad Islámica y Hamas en las acciones de resistencia ha sido una constante, además del mutuo reconocimiento de sus símbolos y mártires como parte de una historia común. Vale la pena escuchar la entrevista que hace la periodista libanesa Rania Khalek a Marwan Abul Al, uno de los miembros del comité político del FPLP y su opinión respecto a Hamas y la necesidad de una colaboración estrecha. En este diálogo llega incluso a trazar un paralelo con lo que representó en algún momento la teología de la liberación en América Latina como parte de sus luchas emancipatorias.
La resistencia ha utilizado también medios distintos a la lucha armada, un ejemplo de ello es la participación de Hamas en la Gran Marcha del Retorno, las protestas pacíficas semanales convocadas por movimientos sociales en Gaza entre 2018 y 2019, reivindicando el levantamiento del bloqueo, el derecho al retorno a las tierras usurpadas y la autodeterminación de los territorios palestinos, además del rechazo a la reciente declaración de Jerusalén como capital de Israel. Como respuesta a las manifestaciones, las fuerzas de ocupación asesinaron a 233 personas, 46 de ellas niñxs e hirieron de gravedad a otras 8.079 personas principalmente con disparos de francotirador desde el otro lado de las rejas2.
Muchas autodenominadas revolucionarias (dirían ellas «del mundo libre») sólo pueden concebir la solidaridad con quienes se les parecen o, al menos, con quienes se encuentran reducidas a la indefensión y la humillación permanentes, para así mantener su pureza de víctimas angelicales. La banalidad de repetir «apoyamos al pueblo palestino pero no a Hamas» o al Frente Popular para la Liberación de Palestina o a la Jihad Islámica es siempre una claudicación inoficiosa y un ofrecimiento de paz a sus verdugos. Las estrategias militares del FPLP o el Ejército Rojo Japonés (aliado internacionalista, claro) en la lucha por la autodeterminación de Palestina tuvieron expresiones extremas, las primeras mártires que se inmolaron con bombas contra soldados y civiles israelíes fueron jóvenes mujeres cristianas vinculadas a distintas organizaciones laicas de liberación nacional. El secuestro de aviones y las ejecuciones de enemigos civiles de la causa palestina no fueron precisamente una invención de «terroristas islámicos». De hecho, la estrategia de Hamas como organización ha circunscrito su accionar militar al territorio palestino y a todas las tierras ocupadas por la entidad sionista desde 1948 y no más allá, a lo que tienen derecho según la cuarta Convención de Ginebra de 19493, esto es el derecho de un pueblo a resistir una ocupación colonial, extranjera o régimen racista por medio de acciones armadas. Hubo un aprendizaje histórico de las consecuencias políticas del tipo de acciones antes mencionadas y una intención de ganar legitimidad frente a entidades internacionales y la opinión pública. Un ejemplo de ello es el cumplimiento de las leyes de la guerra en los enfrentamientos ocurridos durante la más reciente invasión israelí en Gaza. Puede verse claramente en sus censurados reportes de combate y en los videos de las operaciones de la propia resistencia, cómo se han respetado los helicópteros ambulancia que transportan a los heridos del ejército de ocupación hacia sus cercanos hospitales y que perfectamente podrían ser alcanzados por un cohete desde el suelo4.
Aquí no hay intención de convencer a quienes condenan a toda costa cualquier tipo de resistencia efectiva a lo que significa la feroz opresión de la entidad sionista desde sus inicios, hace más de cien años, cuando era apenas un proyecto embrionario a lomos del imperio británico. No, no creo posible convencerles, sus luchas se han alejado de las necesidades vitales para convertirse en tristes reivindicaciones de la identidad, repiten eslóganes vacíos para mirarse sólo a sí mismas y han dejado de concebir la revolución como una posibilidad sólo para combatir en los pequeños feudos de una intimidad aparentemente politizada. Creyeron al fin, el cuento del final de la historia y la clausura de todo proyecto emancipatorio a gran escala, de allí en adelante cada quien por su cuenta. No creo que puedan aportar demasiado, sus análisis han sido pobres y sus acciones escasas. Que hablen quienes han devuelto el significado a la acción directa destrozando las fábricas de las empresas armamentísticas israelíes en el extranjero, quienes hablan verdaderamente la lengua de la solidaridad en Túnez, España o el mismo imperio gringo, negándose a descargar en los puertos el material militar que Occidente le regala o le fía a Israel. No vale la pena escuchar a quienes creen que es mejor no enterarse de lo que ocurre en la distancia porque no pueden hacer nada desde donde se encuentran. No insulten a quienes luchan por su liberación acusándolas de gestar su propio exterminio, sepan que lo que hacen hoy con las palestinas podrán hacerlo contra ustedes o contra nosotras en otras regiones del sur global, cuando así se considere necesario por nuestra alevosía.
Todo esto para hablar de los mal llamados hutíes, el partido de Ansar Alah de las golpeadas tierras de Yemen, uno de los poquísimos actores internacionales que ha honrado el supuesto compromiso de las naciones de hacer todo lo que esté a su alcance para detener un genocidio, según la Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio de 1948 y de la cual Yemen es signatario desde 1988. El país más pobre del Medio Oriente ya conocía el bloqueo, la hambruna manufacturada y los bombardeos masivos contra toda forma de vida desde la guerra iniciada en su contra principalmente por Arabia Saudita, Emiratos Árabes y Estados Unidos en 20145. Desde diciembre de 2023 ha participado de la respuesta contra el genocidio que comete Israel. Al brutal sitio de Gaza, que ha cortado la entrada de alimentos, agua, combustible, medicamentos, maquinaria esencial para el rescate de personas atrapadas bajo los escombros, materiales de construcción, etc, necesarios para el mantenimiento de las mínimas condiciones de vida en un territorio donde todas las fuentes de subsistencia han sido aniquiladas (los cultivos, acuíferos, pozos, plantas de desalinización, entre otras), los yemeníes han impuesto un bloqueo marítimo a la entidad sionista y, más recientemente, uno aéreo, hasta que el asedio sobre Gaza sea levantado. Al igual que el genocidio contra el pueblo palestino, el sitio que inicia en 2023 no es sino una intensificación extrema de estrategias previamente implementadas por Israel para reducir a la palestinas. El bloqueo de Gaza comienza en 2006, después de la retirada de Israel como decisión unilateral y de la victoria de Hamas en las elecciones regionales. El bloqueo original implicó la prohibición de cientos de elementos esenciales, materiales de construcción, animales vivos e incluso se impuso el conteo de calorías mínimas para la supervivencia de las habitantes de Gaza6. Los israelíes lo llamaron «ponerles a dieta».
El sabotaje, la interceptación y los disparos de advertencia han mantenido el bloqueo en el Golfo de Adén y el estrecho de Bab-el-Mandeb (la Puerta de las Lágrimas), parte de una de las rutas marítimas más importantes del mundo como paso obligado hacia el canal de Suez. La estrategia de Yemen ha sido lastimar los intereses económicos de Israel cuando la mayoría de Estados han decidido mantener sus relaciones diplomáticas y comerciales con la entidad sionista en medio de un genocidio. Todo navío propiedad de Israel o que se dirija hacia sus puertos ha sido señalado como objetivo del bloqueo económico, acarreándole enormes pérdidas, así como a sus benefactores en occidente y la región. El bloqueo fue levantado durante el cese al fuego (violado múltiples veces y unilateralmente por las fuerzas de ocupación) entre el 19 de enero y el 18 de marzo de este año. Israel retomó su sitio criminal el 2 de marzo, ante la negativa de Hamas de renegociar los acuerdos para el intercambio de prisioneros previamente elaborados. Luego de más de dos meses de prevenir la entrada de cualquier suministro a Gaza, esta semana han comenzado a ingresar camiones con agua y alimentos (no combustible o medicamentos) en una ínfima cantidad, para ser repartidos de acuerdo al último plan de Israel, que pretende distribuir estos elementos vitales por medio de mercenarios estadounidenses e israelíes y no a través de las organizaciones internacionales reconocidas como la UNWRA o la Cruz Roja Internacional. Esta forma de reparto pretende presionar a la población desplazada a abandonar Gaza al ubicar los centros de distribución en zonas controladas por la ocupación. Las condiciones propuestas por Yemen para finalizar el bloqueo marítimo y aéreo han sido claras, el paso incondicional de ayuda humanitaria y provisiones a Gaza por parte de Israel, ciñéndose a lo acordado en las negociaciones.
Las acciones yemeníes han sido casi completamente no violentas, si entendemos la violencia como un hecho ejercido directamente contra seres y no contra objetos o mercancías. Han muerto tres marineros civiles y han sido reconocidos como consecuencia directa de su ofensiva por la propia Ansar Alah. La respuesta de Estados Unidos y su fallida coalición de defensa marítima ha sido el bombardeo de combatientes y no combatientes, además de infraestructura civil en territorio yemení.
La propia marina estadounidense ha reconocido el enfrentamiento marítimo contra Yemen como su mayor batalla naval desde la Segunda Guerra Mundial, según el vicealmirante Brad Cooper, comandante encargado de la entidad en el Medio Oriente, en una entrevista concedida al programa «60 minutes» de la cadena televisiva CBS. Este es un escenario profundamente asimétrico, una enorme flota protege al Harry S. Truman, el gigantesco portaviones estadounidense7 frente a una organización militar sin fuerza aérea regular y limitados recursos tecnológicos, lo cual no significa que no haya avanzado cualitativamente en la fabricación de drones, misiles balísticos y misiles de crucero a partir de tecnología iraní. Esta organización, relativamente débil militarmente y representada hasta el hartazgo por los medios occidentales como salvajes islamistas en chancletas, ha derribado veintidós drones Reaper (lo que equivale al 10% de los existentes según dijo un oficial del Pentágono al canal Fox), orgullo de las fuerzas armadas estadounidenses, que cuestan aproximadamente treinta millones de dólares cada uno, con misiles fabricados a una fracción de su precio. Así mismo la flota estadounidense ha perdido tres de sus cazas F/A-18 Super Hornet, cada uno de setenta millones de dólares, a causa de sus maniobras evasivas para evitar misiles yemeníes o derribados por sus propios y costosos sistemas de interceptación. El 6 de mayo entró en vigor un cese al fuego entre Estados Unidos y las fuerzas armadas yemeníes de Ansar Alah, acuerdo que no significa la finalización de la campaña de bloqueos contra el genocidio cometido por Israel. De hecho, los ataques a los aeropuertos israelíes se han intensificado y ha sido declarado como objetivo el puerto de Haifa, luego de que este bloqueo hubiera ya arruinado al puerto de Eilat.
La decisión y solidaridad del pueblo yemení ha sido conmovedora, se ha enfrentado con uña y diente a la campaña genocida israelí porque conoce la miseria a la que se somete al pueblo palestino. Con unos recursos relativamente limitados han hecho lo que ninguna otra organización se ha atrevido siquiera a considerar, a excepción de la apertura del frente norte por parte de Hezbolá en octubre de 2023 y que no discutiremos aquí. Es necesario forzar a Israel a retroceder y dejar de ser todo lo que ha sido hasta ahora.
¿Debería indignarnos en el marco de una lucha anticolonial que la resistencia sea musulmana? ¿Deberían limitarse estos actores a la huelga o el boicot de consumo cuando tienen herramientas para acciones más contundentes? «El colonialismo no cede sino con el cuchillo al cuello», escribía el médico psiquiatra y revolucionario nacido en Martinica, Frantz Fanon desde su propio combate por la liberación argelina. Esto no significa que las otras formas de presión se hayan hecho irrelevantes, pero no bastan por sí mismas. La vilipendiada ley internacional no será suficiente, así como las protestas en el vientre de la bestia no logran conmover o forzar a sus dirigentes a retirar el apoyo militar, económico y diplomático a Israel.
Un proyecto anticolonial no puede ser formulado en los mismos términos o utilizar las mismas estrategias que otros movimientos emancipatorios en el norte global. Esperar de ello un seguimiento y una obediencia a un manual del buen revolucionario es un enorme despropósito y una confesión, cuando menos, de un profundo desconocimiento de la historia. ¿Pretendemos que todo lo que se haga por la libertad de un pueblo pase por tal sistema de valores?
Si nos concentramos en lo fundamental, incluso en la ley internacional, encontraremos que estos «grupos terroristas» han sido quienes han respetado conscientemente los tratados que definen las normas de la guerra en la Convención de Ginebra, contrarios a los crímenes de guerra y lesa humanidad que comete Israel, que bombardea escuelas, hospitales y refugios humanitarios, secuestra y encarcela masivamente a las palestinas a su antojo en condiciones grotescas y asesina desde el aire a una población que incluso en medio de la hambruna sigue resistiendo y devolviendo los golpes.
No se trata aquí de ensalzar las virtudes de la ley, sino de mostrar la profunda hipocresía que las rodea y las desactiva como marco de referencia de cara a estos hechos8. Sabemos que los pronunciamientos de la Corte Internacional de Justicia que declaran ilegal la ocupación y los muros israelíes no han podido derrumbarlos, así como la acusación formal de genocidio por parte de Sudáfrica y la respuesta de la corte que llama a impedir las acciones de la entidad sionista no han detenido una sola bomba en su trayectoria hacia Gaza, pero no es sólo la percepción colectiva de la ley la que sale lastimada. Nunca olvidaremos lo que han hecho, ni tendrán paz en donde sea que se encuentren. El proceso de descolonización de Palestina está formado por todas y cada una de estas acciones, no habrá manera de prescindir de la confrontación directa para alcanzarla.
1 Khalidi, Rashid. Cien años de guerra contra palestina.
2 Estos son datos del Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados, B’tselem. https://www.btselem.org/gaza_strip/20210524_whitewash_time
3 Ampliado por el Protocolo Adicional I, de Junio 8, 1977.
4 Jon Elmer, periodista canadiense, ha hecho un excelente trabajo documentando y analizando las acciones militares de la resistencia palestina desde octubre de 2023 en el reporte semanal de Electronic Intifada. www.electronicintifada.net
5 Aunque también participaron Francia, Reino Unido, Canadá, Malasia, Australia Sudán, Bahrein, Kuwait, Qatar, Egipto, Jordania, Marruecos y Senegal. Entre marzo de 2015 y abril de 2022 la coalición saudí bombardeó 25.054 veces el territorio yemení, asesinando a 8.983 civiles e hiriendo a otras 10.243. Fueron bombardeadas cientos de escuelas, zonas residenciales, hospitales, fábricas y campos de cultivo, entre otras instalaciones civiles, lo que constituye crímenes de guerra. Yemen Data Project: www.yemendataproject.org A esto se sumó el bloqueo impuesto por la coalición desde 2015, que produjo una de las mayores hambrunas del siglo, con más de 85.000 niños muertos en sólo tres años como consecuencia, según investigaciones de Save the Children International.
8 En este sentido es valiosa la entrevista al abogado Tayab Ali, que se ha dedicado a perseguir a los responsables de crímenes de guerra israelíes en cortes nacionales. En la entrevista propone la ley internacional como herramienta potencialmente anticolonial, no sólo en términos del propio marco legal y sus resultados en condenas concretas, sino en tanto argumento para recusar la autoridad moral que Occidente ha pretendido ganar para sí y que en la práctica niega constantemente. Tayab Ali, Middle East Eye, Expert Witness.